lunes, 25 de noviembre de 2019

¿Qué es la drogadicción?

¿Qué es la drogadicción?

Resultado de imagen para que es la drogadicciónLa drogadicción es una enfermedad que consiste en la dependencia de sustancias que afectan el sistema nervioso central y las funciones cerebrales, produciendo alteraciones en el comportamiento, la percepción, el juicio y las emociones. Los efectos de las drogas son diversos, dependiendo del tipo de droga y la cantidad o frecuencia con la que se consume. Pueden producir alucinaciones, intensificar o entorpecer los sentidos, provocar sensaciones de euforia o desesperación. Algunas drogas pueden incluso llevar a la locura o la muerte.
La dependencia producida por las drogas puede ser de dos tipos:
- Dependencia física: El organismo se vuelve necesitado de las drogas, tal es así que cuando se interrumpe el consumo sobrevienen fuertes trastornos fisiológicos, lo que se conoce como síndrome de abstinencia.
- Dependencia psíquica: Es el estado de euforia que se siente cuando se consume droga, y que lleva a buscar nuevamente el consumo para evitar el malestar u obtener placer. El individuo siente una imperiosa necesidad de consumir droga, y experimenta un desplome emocional cuando no la consigue.
Algunas drogas producen tolerancia, que lleva al drogadicto a consumir mayor cantidad de droga cada vez, puesto que el organismo se adapta al consumo y necesita una mayor cantidad de sustancia para conseguir el mismo efecto.
La dependencia, psíquica o física, producida por las drogas puede llegar a ser muy fuerte, esclavizando la voluntad y desplazando otras necesidades básicas, como comer o dormir. La necesidad de droga es más fuerte. La persona pierde todo concepto de moralidad y hace cosas que, de no estar bajo el influjo de la droga, no haría, como mentir, robar, prostituirse e incluso matar. La droga se convierte en el centro de la vida del drogadicto, llegando a afectarla en todos los aspectos: en el trabajo, en las relaciones familiares e interpersonales, en los estudios, etc.

Características de la drogadicción

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DE LA DROGADICCIÓN

Características de la drogadicción:
Cuando una persona no puede dejar de beber alcohol, fumar cigarros o tomar cualquier otra droga por voluntad propia, se llama adicción.La adicción a las drogas no es un vicio o una debilidad del carácter, es una enfermedad, como la diabetes o el cáncer; y tiene sus particularidades:

1. Es una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican su estructura y cómo funciona. Estos cambios pueden durar largo tiempo.

2. Es crónica, es decir, no aparece de repente, sino que va empeorando con el tiempo.

3. Tiene recaídas constantes.                     

 4. Las personas tienen gran necesidad de buscar la droga y consumirla una y otra vez.

5. Consumir  drogas se vuelve más importante que comer,  dormir o el arreglo personal.

6. Poco a poco las personas dejan de disfrutar ir a la escuela, estar con la familia o los amigos y comienzan a aislarse.

7. Las personas tienen cambios de humor, pérdidas de memoria, problemas para dormir, pensar y tomar decisiones.

8. Aparecen la tolerancia y la abstinencia; la primera tiene que ver con un aumento de la cantidad de droga que se consume para sentir los efectos y la segunda describe las molestias físicas y psicológicas que tienen las personas cuando dejan de consumir la droga después de un largo periodo.
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Causas de la drogadicción

Causas más comunes de la drogadicción

1. Curiosidad

Tras numerosas investigaciones se ha llegado a la conclusión de que la curiosidad es una de las principales causas que originan las conductas de drogadicción.
Resultado de imagen para causas de la drogadicciónEste factor se da sobre todo en la población más joven, lo cuales se inician en el consumo de drogas influidos por la información recibida del entorno o los medios de comunicación.

2. Vivencias traumáticas

Aunque no todas las personas que han experimentado una vivencia traumática o con un alto contenido emocional desarrollen conductas o hábitos de drogadicción, muchas otras encuentran en las drogas una vía de escape que les ayuda a sobrellevar ciertas situaciones especialmente complicadas.
El objetivo de estas conductas es el de olvidar ciertos recuerdos que torturan la mente de la persona y así, distraer el intelecto para no tener que enfrentarse a ellos. De esta manera, son muchas las personas que deciden experimentar con las drogas para conseguir un estado de relajación o aturdimiento.

3. Alivio del estrés

Este punto está estrechamente relacionado con el anterior. Aquellas personas cuyo ritmo de vida conlleva una gran presión o estrés, bien a nivel laboral, familiar o social, pueden llegar a encontrar en las drogas una manera de relajarse y aliviar estar tensión aunque sea por unos momentos.
No obstante, la propia adicción generará más y más tensión entre un consumo y otro, por lo que la persona necesitará cada vez más dosis y lo hará de manera más y más recurrente.

4. Mejorar el desempeño

En ciertos ámbitos como los deportivos o académicos, es habitual que algunas personas recurren al consumo de algún tipo de sustancia estupefaciente para intentar mejorar su rendimiento.
Lo que estas personas ignoran o piensan que pueden evitar, es que aunque la droga solamente sea consumida en momentos específicos con algún fin concreto, son muchas las probabilidades que acabe convirtiéndose en una adicción.

5. Falta de motivación y objetivos

Son numerosos los casos de drogadicción personas que no encuentran ningún tipo de motivación en su vida, por lo tanto buscan en las drogas la experimentación de sensaciones agradables o de euforia.

6. Influencia del contexto familiar

Resultado de imagen para causas de la drogadicciónCiertos estudios establecen que la convivencia en un entorno familiar inestable, ser hijo de padres drogadictos o los trastornos mentales en padres son factores que facilitan el consumo de drogas en los más jóvenes.
En un entorno familiar en el que el consumo de drogas es algo habitual e incluso está normalizado, es común que los hijos desarrollen algún tipo de adicción y que los padres, por su condición de consumidores, no condenen estas conductas.

7. Presión o influencias del círculo de amistades

Una de las causas más frecuentes de la drogadicción en adolescentes es la presión que reciben de su grupo de amistades para iniciar el consumo. En grupos en los que el consumo es habitual o frecuente, es muy posible que el menor inicie y mantenga el consumo de drogas con la intención de encajar o de integrarse en él.

8. Falta de habilidades sociales

Las propiedades de ciertas drogas de abuso facilitan que la persona se sienta deshinibida y segura. Por lo tanto, aquellas personas de carácter introvertido o con escasas habilidades sociales tienen más posibilidades de consumir alguna sustancia en los momentos en los que se tenga que enfrentar a la interacción social.

9. Imitación por admiración

Sobre todo en edades más tempranas, la influencia de ciertas personas conocidas o personajes públicos puede conseguir que algunas personas quieran imitar algunas de sus conductas entre las cuales se encuentra la experimentación con las drogas.

Consecuencias de la drogadicción

El abuso en el consumo de drogas tiene muchas consecuencias, no solo físicas, sino tambien psicológicas.

Entre las consecuencias del abuso de drogas podemos señalar:
- Trastornos fisiológicos y psicológicos: entre los trastornos fisiológicos tenemos el síndrome de abstinencia, convulsiones, cambios en el ritmo cardiaco, deterioro del sistema nervioso central, etc. Entre los trastornos psicológicos tenemos: alucinaciones, tendencias paranoicas, depresión, neurosis, etc.
- Deterioro y debilitamiento de la voluntad: el drogadicto se vuelve literalmente un esclavo de la droga, pudiendo hacer lo que sea para conseguirla.
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- Deterioro de las relaciones personales: el drogadicto ya no es capaz de mantener relaciones estables, ya sea con familiares o amigos. Muchas veces roba o engaña para poder conseguir droga, lo cual deteriora aún más sus relaciones.
- Baja del rendimiento en el trabajo o en el estudio. Se llega al grado de abandonar metas y planes, recurriendo a la droga como única "solución".
- Consecuencias sociales: el drogadicto puede verse involucrado en agresiones o conflictos. Bajo la influencia de la droga se pueden llegar a cometer crímenes tales como robos o asesinatos.
- Consecuencias económicas: El uso de drogas puede llegar a ser muy caro, llevando al drogadicto a destinar todos sus recursos para mantener el consumo.
Las drogas no solamente tienen consecuencias negativas para quienes las usan. También se ven afectadas las personas que rodean al drogadicto, especialmente las de su entorno más cercano, como familiares y amigos. No es sólo la vida del drogadicto la que está en juego.

Cómo prevenir la drogadicción

¿Cómo prevenir el uso indebido de drogas?

Resultado de imagen para como prevenir la drogadiccionEl riesgo de consumir drogas aumenta sustancialmente durante las etapas de transición. Para un adulto, un divorcio o la pérdida del trabajo pueden aumentar el riesgo de consumir drogas. Para un adolescente, las épocas de riesgo incluyen las mudanzas, el divorcio en la familia o el cambio de escuela. Cuando los niños pasan de la escuela primaria a la escuela media, deben hacer frente a nuevas situaciones sociales, familiares y académicas que les resultan difíciles. A menudo, durante este período los niños se ven expuestos por primera vez a sustancias como los cigarrillos o el alcohol. Cuando ingresan a la escuela secundaria, pueden encontrarse allí con una mayor disponibilidad de drogas, el consumo por parte de adolescentes más grandes y actividades sociales en las que se consumen drogas.
Un componente normal del desarrollo adolescente es cierto nivel de toma de riesgo. El deseo de probar cosas nuevas y ser más independiente es sano, pero también puede aumentar la tendencia de los adolescentes a probar las drogas. Las partes del cerebro que controlan el juicio y la toma de decisiones no terminan de desarrollarse hasta pasados los 20-25 años, lo cual limita la capacidad de un adolescente para evaluar correctamente los riesgos de probar las drogas y lo hace más vulnerable a la presión de sus compañeros.
Como el cerebro todavía está en desarrollo, es más probable que el consumo de drogas a esta edad perturbe la función cerebral en zonas que son críticas para la motivación, la memoria, el aprendizaje, el juicio y el control del comportamiento. Por ello no sorprende que los adolescentes que beben alcohol o consumen drogas a menudo tengan problemas familiares y sociales, mal desempeño académico, problemas de salud (incluidos problemas de salud mental) y problemas con el sistema de justicia juvenil.
Así que si se observan diferentes nuestros familiares o amigos hay que acercarnos y ver que sucede, y si es necesario buscar ayuda, ya que la drogadicción es un problema muy grave.

Caso de drogadicción

“Creí que siempre iba a drogarme”

Micaela Castro fue adicta en la adolescencia y estuvo tres años en tratamiento. 

A los 16 años, lo que para Micaela Castro era un acto de rebeldía constituyó su ingreso al mundo de las drogas. Era julio de 1998, sus padres se habían separado. Cambió de colegio y dejó de ser la alumna aplicada, introvertida y de buena conducta que había sido hasta entonces. “Yo soy una chica estructurada, no me gustan los cambios. Creo que acceder al mundo de las drogas no tiene que ver con 'las juntas'; yo las elegí. Cuando me cambié de colegio me hice de un grupo de chicos que consumían. A mí nadie vino y me dijo 'vente'. Yo quería drogarme para salir de esa imagen de santita, sentía que me iba a dar más fuerza y confianza en mí. Quería acercarme a eso de la rebeldía, dar un giro para separarme de la Micaela que era en el otro colegio”, recuerda.
Así fue que, a mediados de su tercer año de secundaria comenzó el sinuoso camino de la adicción. Al principio empezó consumiendo marihuana junto con sus compañeros de colegio en reuniones sociales y, a los seis meses, comenzó con la cocaína. “Me acuerdo que mi hermana en ese momento estaba saliendo con un chico que consumía cocaína. Le pedí y me dió. Estaba en mi casa, era de mañana, mi mamá no estaba. Estábamos mi hermana, el novio y yo. Le pedí, me fui al cuarto y consumí sola. Me parecía muy insuficiente quedarme solo con la marihuana”, comenta.
A partir de ahí, comenzó a consumir diversas drogas y fármacos. “Al principio no compraba, era por amigos, después empecé a averiguar cómo conseguir. Había un dealer que paraba cerca de mi casa. La primera vez que fui a comprar me habían dicho 'ahí en el pool venden' -ya no está más ese pool, siempre que paso me acuerdo-. Fui con un amigo, la pedi  yo porque a él le daba vergüenza, tendría 17 años. Estaba nerviosa, me temblaba la voz, creo que compré marihuana, y ahí me quedó el contacto y seguí yendo. Iba con mis perros, después le pregunté si tenía pichi (cocaína). También consumía pastillas mezcladas con alcohol. Yo no tomo alcohol, solo lo hacía para tomar las pastillas. Teníamos recetas y un sello médico que se había conseguido y las comprábamos en la farmacia”, explica.
De sus últimos años de secundaria recuerda haber consumido incluso en el baño del colegio. “Cocaína y ácido, lo que no se notaba. Pero para mí en ese momento no era algo loco consumir en el colegio, porque drogarme era mi modo de vida”, recuerda Micaela.
“Cuando terminé el colegio, como no hacía nada, me drogaba todo el día en mi casa. Pero lo que consumía dependía de que lo pudiera manejar con mi mamá cuando llegaba a la noche de trabajar. Por lo general era marihuana, cocaína y ácido los fines de semana. El tema es que yo en esa época no tenía dinero, dependía de lo que me dieran mis padres. Eso también limitaba el consumo. Lo que más consumía era marihuana porque era lo más barato. Muchas veces mi mamá me encontró droga. Yo le decía 'es solo marihuana'. Mi mamá no podía poner límites, estaba divorciada, mi papá era grande (tenía más de 70 años) y no podía contar demasiado con él”, continúa Micaela.
Para ese entonces, la droga ya se había incorporado definitivamente en su vida. “En ese momento yo me imaginaba que toda mi vida iba a seguir drogándome, que iba a tener hijos y me iba a seguir drogando. Te empiezas a proyectar, eso es la adicción. Además, yo no recordaba otra forma de vida, por eso es que pensaba que toda mi vida iba a seguir así”, dice.
Hoy, cuando mira atrás, piensa “¿esa era yo?”. “Yo me odiaba, por eso me maltrataba. No sentía el drogarme como un maltrato. Pero a veces, cuando me acostaba con los efectos de la coca y la marihuana, me decía 'eres adicta, ya está'. Piensas 'nunca más', pero te duermes y al otro día vuelves. Cuando te da un bajón de cocaína o de ácido, se te aparecen todos tus fantasmas, como un video de tu vida con las peores escenas y no puedes hacer nada sino sentarte hasta que te llegue el sueño mientras tu cerebro no para de decirte lo mierda que eres, que no vas a conseguir novio, que tu vida es una mierda”
El camino a la recuperación
A los 20 años comenzó terapia por problemas en la relación con un chico. Durante las sesiones, le contó a su psicóloga de su adicción. “Me dijo: ‘Yo no voy a decir nada por el secreto profesional, pero si me pregunta tu mamá se lo voy a decir, porque eres menor’. Un día, de las tantas veces que mi mamá me vio drogada, le cayó la ficha. Me acuerdo que volvió un día del trabajo, me contó que había hablado con la psicóloga, que esto no iba a seguir así y que tenía que empezar un tratamiento. Le recomendaron que fuera a Valorarte (un centro de rehabilitación de adicciones), y ahí empecé”.
Después de más de tres años de haber convivido diariamente con la droga, y tras la imposición de su madre, tuvo que embarcarse en un tratamiento para salir de su adicción. Micaela recuerda que al principio no quería ir. “Era un enfado, iba a tener que dejar de drogarme, de ver a mis amigos. Un fin de semana que salí con ellos, les conté. ‘¡Qué tontería! -me decían- no cambies los gustos musicales, porque todos los que se internan terminan escuchando cumbia’. Ahí te das cuenta qué clase de amigos eran”, reflexiona.
El viernes 6 de julio de 2001 empezó el tratamiento. Tuvo que sacar los posters de su cuarto y también la tele. “La idea es que el cuarto sea un lugar donde vas a dormir y desprenderte de todo lo que venías haciendo. Dejas de escuchar alguna música que asocias con la que escuchabas cuando te drogabas. Yo tuve que desprenderme del disco Natural Mystic, de Bob Marley. Se lo di a mi mamá. Hoy lo escucho y me acuerdo que lo escuchaba para ir a comprar droga. La parte de consumo no era lo difícil. Lo difícil en ese momento era que tenía que ser “fuerte” y armarme la vida de cero, con gente nueva”.
El tratamiento era ambulatorio, iba de 2 a 6 de la tarde. “Al principio no tenía ganas de ir. No hablaba en los grupos de las cosas que tenía que hablar, porque era difícil. Tienes que hablar de muchas cosas que te pesan mucho. Una vez le dije a Sergio, el director terapéutico, a quien al principio odiaba pero que ahora quiero mucho, ‘¿por qué quieres que hable de las cosas que vengo sufriendo de toda la vida?’. En realidad lo vuelves a sufrir, pero contenida, con gente que te da herramientas para decirte cómo seguir. Cuando dicen que la droga es mala, es porque cuando te drogas te sientes bien porque te evades de los problemas. Lo malo es que es algo pasajero, superficial, porque los problemas no se resuelven, no desaparecen. El tratamiento te hace laburar en los agujeros que tienes. Después empiezas a contar historias que nunca le contaste a nadie, ni pensaste que lo ibas a contar, cosas que no cuentas cuando te estás drogando porque te sientes una tonta. Y llega un punto que te comprometes con el grupo, el tratamiento y contigo mismo”.
Durante el tratamiento fue aprendiendo cómo afrontar lo que le pasaba y qué hacer para no recaer. “Porque no es que no te va a pasar lo mismo. Muchos de nosotros seguimos haciendo terapia, a veces volvemos, seguimos en contacto, el tratamiento te devuelve la vida. A mí me devolvió la confianza porque te sientes parte de un grupo que te acepta como eres, que te enseña a relacionarte contigo mismo, a mostrarte que eres único y libre de cualquier atadura. No sientes que estás en una secta o que te están lavando el cerebro”.
El tratamiento de Micaela duró tres años. “El proceso hizo que me encontrara con mi hermana y que frenase la competencia. Pude tener otra relación con mi mamá y mi papá. Nunca recaí. He tenido compañeros que sí, y que volvieron y terminaron el tratamiento, y he tenido compañeros que no. Hoy no tengo miedo de recaer, tengo siete años y medio de graduada. Los dos primeros años son los más difíciles. Por ejemplo, si hoy vuelvo a fumar marihuana, aunque sea una seca, tengo que volver a hacer el tratamiento. Pero ahora si voy a un lugar y están fumando, no me dan ganas. Porque mientras pasan los años y vas generando cosas que te hacen bien (por ejemplo hacer una carrera, irte a vivir sola, tener tu grupo de amigos) todo eso te va alejando de lo otro. Lo comparas y dices: ‘No, no le encuentro sentido’. Lo que haces en el tratamiento es construir los cimientos para esa casita que va a ser tu vida, si construyes para arriba es difícil que vuelvas a recaer. Mi papá falleció en este tiempo que estuve de graduada y no se me ocurrió volver a consumir”, asegura.
La vida tiene sentido
Además de poder rehabilitarse de su adicción, Micaela se recibió de licenciada en Relaciones Públicas y hoy, entre sus tareas, colabora en el área de prensa de la fundación que la ayudó a encauzar su vida. “Yo estaba convencida de que nunca me iba a recibir de nada. Seguramente si mi mamá no me hubiera llevado a Valorarte, no sólo seguiría consumiendo sino que seguiría sin ser yo misma, transando con sentimientos y opiniones de otros para poder 'pertenecer', para sentirme parte. Seguiría desconfiando de todos (y cada vez más) y me sentiría muy sola y con muy baja autoestima, sin tener amor propio. Afortunadamente, hoy tengo un trabajo (soy asistente de cuatro directores en una empresa de tecnología), soy docente, me mantengo, vivo sola, tengo mi gatita. Después de recibirme le propuse a la fundación ocuparme de la prensa. Empecé haciendo las campañas en Google con palabras relacionadas, les propuse rediseñar el sitio. Y ahora soy medio la vocera de Valorarte, me gustaría laburar full time en eso”.
“Como hay mucho prejuicio con respecto al que se droga y no se conoce mucho qué pasa con el que terminó el tratamiento, no lo cuento para que no se me juzgue. Si el día de mañana un hijo mío cae, no creo que sepa manejarlo, es algo a lo que le tengo miedo. En general, hay una tendencia: padre que fue adicto, tiene hijos adictos. Así como se sabe que solo un 7% de los adictos que hacen el tratamiento se terminan recuperando. Cuando tenga un hijo, por supuesto que se lo voy a contar, es parte de mi vida”.